miércoles, 20 de diciembre de 2023

Limes

 


En la frontera, en el límite, en el limes, se dilucidan cosas importantes. 

El limes romano era la frontera a base de murallas y de los cauces del Rin y del Danubio para contener el mundo bárbaro.
Desde niños, nos acostumbramos a la pregunta de qué hay más allá del universo. Mas allá del limes. Es una pregunta legítima, que se vuelve insoportablemente real cuando uno reflexiona sobre el límite mismo del universo, sobre qué pasa no más allá, sino allí exactamente, digamos en la raya misma.  Si nos fijamos bien, se trata de un “sitio de ser y no ser" . El lugar donde "es" y "no es".
Parménides en su reflexión sobre el ser y no ser, sobre el "es" y "no es", se las vio y se las deseó para poner orden en todo esto, pero siempre se estrelló contra el límite.
Este límite existe sobre nuestras cabezas, pero también bajo nuestros pies. Todo indica que parece existir un suelo elemental, algo tan pequeño que resulta irreductible. Eso es otro limes.
En el límite pasan cosas insospechadas.
Tengo la secreta intuición caserilla de que el fenómeno cuántico del principio de incertidumbre y del "ahora estoy" y "ahora no estoy" se origina por esta misma situación en los alrededores del limes. En la frontera, "es" y "no es". Estamos ante el problema irresoluble de lo liminar, y la realidad parece resolverlo aceptando esa contradicción y jugándose el todo por el todo.
En el límite de la existencia se producen cosas imposibles.
El Portal es un lugar límite, donde Dios se encuentra con el hombre, y en ese limes el hombre, francamente, pues hace lo que puede, pero hay un par de cosas que allí quedan claras: 
que las fronteras, los limites, son donde el ser se la juega de verdad, en una especie de lance definitivo; 
pero también que se trata de los sitios donde se produce la Unión.
Esto es algo que transfigura estos días y hace que estén repletos de contacto. El contacto se verifica en los términos de las fronteras. El contacto es patrimonio exclusivo de los dominios de los limites.
Este Domingo pasado, tercero de Adviento, Domingo de Gaudete, en  la Luz de la Paz de Belén que todos los años un niño enciende unas semanas antes de la Navidad en la Iglesia de la Natividad de Belén y lleva a Austria y desde allí a todo el mundo, en esas velas que la gente iba encendiendo, me pareció ver, en los ojos de tigre de la luz de esas velas, en los ojos-tigre de la luz que salta hasta el Domingo de Resurrección, me pareció ver, por un instante, en esa luz, el límite de la velocidad de la luz, a punto de establecer contacto.

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