martes, 24 de diciembre de 2019

Haikus de Navidad



Malla, herradura.
Sota, caballo, Rey.
El Rey, la cuna.

Casa del Padre.
Tras tumbos por la vida...
Casa Encendida.


Muy Feliz, Santa
íntima orante alegre
Navidad. Vela.




domingo, 22 de diciembre de 2019

Cosmic Playground III




La sucesión concatenada de pensamientos fue más o menos así, que yo recuerde.
Lo primero, las palabras que escuché sobre Benedicto XVI: "en cada pequeño pero genuino acto de amor está todo el sentido del universo", lo cual me recordó a eso de San Juan de la Cruz: "un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo", lo cual a su vez reforzó la impresión de paradoja, de "¿cómo puede ser que nuestro humus y nuestro techo, nuestra misma materia prima, valgan menos que nosotros?", a lo cual me vino "no, solo el amor y el pensamiento, se entiende que el espíritu", y entonces pensé "¿pero qué tiene que ver el tocino con la velocidad? Además, se supone que el universo es la creación del amor de Dios", y todo esto me dejó paralizado durante una pequeña fracción de segundo, porque
-Tocino: Nosotros, (cómo no)
-Velocidad: El cosmos, todo, la pedrería de una noche de verano, el abismo burbujeante desde los rincones más profundos y oscuros, nuestro humus de ADN y de átomos y quarks matemáticamente puntuales pero con masa y bosones de Higgs que se producen entre milagrosas vibraciones del vacío, madre mía, qué tamaño incalculable tiene este Universo que es tan grande que resulta negro en lugar de blanco cegador por muchas estrellas que contenga
-La relación: Que el cosmos sea un inmenso operador.
Un transformador.
Una máquina, un gigantesco convertidor que nos rodea, sobre el cielo y bajo nuestras células, y que efectúa transformaciones desde el mismísimo corazón de Dios hasta el nuestro. Y desde el nuestro hacia El.

Y tengo algunas pruebas. Porque a Él le gusta tratar con la materia, le gusta vérselas con ella, y le gusta la indudable belleza de las complicadas operaciones y transformaciones y cambios y a veces alambicados procesos que llevan de una cosa a otra y de esta a la siguiente y a otra.
Que se encuentra inserta en nuestra alma desde niños con nuestra pasión por los juegos elaborados.

Más tarde, buscando la cita entera de Benedicto XVI, di con el párrafo completo, de Noviembre de 2007.
“Acojamos la invitación de Cristo de afrontar los sucesos diarios confiando en su amor providente. No temamos por el futuro, incluso cuando nos pueda parecer de tintes sombríos, porque el Dios de Jesucristo, que asumió la historia para abrirla a su cumplimiento trascendente, es su alfa y omega, el principio y el fin. Él nos garantiza que en cada pequeño pero genuino acto de amor está todo el sentido del universo, y que quien no duda en perder la propia vida por Él, la reencontrará en plenitud “ .

Y aquí sí hay un cosmos inabarcable, el resto es balbuceo atocinado.


viernes, 20 de diciembre de 2019

La Carta a los Reyes





Uno de los mejores momentos del año consistía en ayudar a escribir la carta de las niñas pequeñas, repletas de inocencia.
Lo más importante era la presentación.
A SS.MM. los Reyes Magos de Oriente. (Y, cosas de las que uno se acuerda, aquí aprovechaba para mencionar esa norma de que los acrónimos de dos palabras en plural repiten las iniciales: Sus Majestades SS.MM., EE.UU., JJ.OO.)
Queridos Reyes Magos:
Este año...
Y aquí venía la magia.
Se paraban y me miraban. Entonces yo, con un aire ligeramente circunspecto, reflexionaba unos segundos, balanceando y sopesando.Tampoco prolongaba demasiado ese momento, habría acabado notándose la artificialidad. Pero sí quedaba un pequeño momento suspendido, una súbita parada del mundo y de los vuelos de los pájaros.
Y entonces continuaba dictando, con una expresión de convencido absoluto, enfatizando el "muy": "Este año me he portado muy bien". Y les miraba a los ojos, sosteniendo su mirada antes de que se lanzaran a escribirlo, y añadía para ellas: "Porque es verdad, te has portado francamente bien".
Entonces el brillo de su mirada resultaba indescriptible, el relámpago de alegría que cruzaba la habitación iba cargado de energía de otro mundo, y uno no sabía distinguir si la alegría era por el balance en sí, la sentencia del juicio, digamos, o por las estupendas previsiones que se abrían de cara al Día de Reyes.
Se notaba esa alegría en cómo ponían el labio inferior, en cómo se lanzaban entonces a escribirlo. Y así, sin que pudiera verles claramente la expresión mientras trazaban las palabras con la cara pegada al papel, puedo decir que notaba un aura de puro gozo que duraba unos segundos.
Entonces me ponía un poco elegíaco y me metía en reflexiones. De que más me vale acogerme a la Misericordia que al Juicio. Esas cosas.
Porque siempre sospeché que, en el fondo, esa alegría infantil surgía de una fuente más sencilla y más honda. Que poco tenía que ver con el balance en sí o con el premio.
La alegría de contar con que tu padre es tu aliado, que está de tu parte. Del todo.

Y luego ya venían las listas de juguetes.
Y unos dibujos preciosos.