domingo, 22 de diciembre de 2019

Cosmic Playground III




La sucesión concatenada de pensamientos fue más o menos así, que yo recuerde.
Lo primero, las palabras que escuché sobre Benedicto XVI: "en cada pequeño pero genuino acto de amor está todo el sentido del universo", lo cual me recordó a eso de San Juan de la Cruz: "un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo", lo cual a su vez reforzó la impresión de paradoja, de "¿cómo puede ser que nuestro humus y nuestro techo, nuestra misma materia prima, valgan menos que nosotros?", a lo cual me vino "no, solo el amor y el pensamiento, se entiende que el espíritu", y entonces pensé "¿pero qué tiene que ver el tocino con la velocidad? Además, se supone que el universo es la creación del amor de Dios", y todo esto me dejó paralizado durante una pequeña fracción de segundo, porque
-Tocino: Nosotros, (cómo no)
-Velocidad: El cosmos, todo, la pedrería de una noche de verano, el abismo burbujeante desde los rincones más profundos y oscuros, nuestro humus de ADN y de átomos y quarks matemáticamente puntuales pero con masa y bosones de Higgs que se producen entre milagrosas vibraciones del vacío, madre mía, qué tamaño incalculable tiene este Universo que es tan grande que resulta negro en lugar de blanco cegador por muchas estrellas que contenga
-La relación: Que el cosmos sea un inmenso operador.
Un transformador.
Una máquina, un gigantesco convertidor que nos rodea, sobre el cielo y bajo nuestras células, y que efectúa transformaciones desde el mismísimo corazón de Dios hasta el nuestro. Y desde el nuestro hacia El.

Y tengo algunas pruebas. Porque a Él le gusta tratar con la materia, le gusta vérselas con ella, y le gusta la indudable belleza de las complicadas operaciones y transformaciones y cambios y a veces alambicados procesos que llevan de una cosa a otra y de esta a la siguiente y a otra.
Que se encuentra inserta en nuestra alma desde niños con nuestra pasión por los juegos elaborados.

Más tarde, buscando la cita entera de Benedicto XVI, di con el párrafo completo, de Noviembre de 2007.
“Acojamos la invitación de Cristo de afrontar los sucesos diarios confiando en su amor providente. No temamos por el futuro, incluso cuando nos pueda parecer de tintes sombríos, porque el Dios de Jesucristo, que asumió la historia para abrirla a su cumplimiento trascendente, es su alfa y omega, el principio y el fin. Él nos garantiza que en cada pequeño pero genuino acto de amor está todo el sentido del universo, y que quien no duda en perder la propia vida por Él, la reencontrará en plenitud “ .

Y aquí sí hay un cosmos inabarcable, el resto es balbuceo atocinado.


No hay comentarios:

Publicar un comentario