Este rincón se abre unos breves días, todos los años, en Adviento, con unas reflexiones durante la espera. Cósmicas por aquello de lo desproporcionado, de lo audaz hecho con mimbres de baratillo, con esa connotación peyorativa de “me vino con un planteamiento cósmico”, “me dijo algo sideral”, y así. Cósmicas también porque la Navidad es un acontecimiento trascendental en la historia del hombre y del Cosmos, y porque el Adviento empieza siempre tras la fiesta de Cristo Rey del Universo.
lunes, 24 de diciembre de 2018
Haikus de Adviento y Navidad
Ramas desnudas,
ensartada la niebla.
Raíz de invierno.
Toses, silencio.
Concierto de Navidad:
fulgor del cosmos.
Brillo de estrellas,
vaho animal, escarcha.
Calma. Espera.
Muy Feliz y Santa Navidad.
jueves, 20 de diciembre de 2018
Extractos e intertextos
Y alguna glosa
Algunas citas del Resucitar de Christian Bobin, delicado como una taza de porcelana, delicioso como el chocolate que lleva dentro.
Cuando se ve este mundo, se ve el otro al trasluz, como la filigrana grabada en la trama del papel.
Y todavía se nota más en estas horas del año, en que la luz transita como pegada a las cosas, como levantando radiaciones por su leve rozamiento.
Y como trayéndose algo del cuerpo del otro mundo.
Todo lo que sé del cielo proviene del asombro que experimento ante la bondad inexplicable de tal o cual persona, iluminada por una palabra o un gesto tan puros que se impone de pronto ante mí el hecho de que no hay nada en el mundo que pueda ser fuente suya.
Todo lo pueden contabilizar en sus cálculos, salvo la gracia, y por eso sus cálculos son inútiles.
Porque la gracia es descendiente directa de la Misericordia, y las magnitudes que maneja proceden de las regiones de los abismos.
Deberíamos dar gracias a los animales por su inocencia fabulosa y saber estarles agradecidos por posar en nosotros la dulzura de sus ojos inquietos que no nos condenan jamás.
Una hilera de hayas, a lo largo de la carretera que atravesaba el bosque de Sant-Sernin, escuchaba las últimas recomendaciones de la luz inmediatamente antes de la llegada de la noche.
Aquí hay mucho:
La hilera de hayas como una fila de hijos temblorosos.
O la hilera de hayas como una fila de niños tranquilos, inocentes, inconscientes.
La inquietud implícita de aquellos que se acercan a la oscuridad.
La luz, como una madre preocupada, dando las últimas instrucciones antes de su retirada - y la promesa de que volverá.
El eco, la resonancia con este otro pasaje del Libro de la Pasión de Ibáñez Langlois:
"Amanecer del viernes
Jesús no despierta porque no ha dormido
en su calabozo ha velado al pobre amado universo
ha llegado el día viernes santo de su pasión
el pobre amado universo se hace representar
en el nuevo día por un rayo de luz trémula que penetra
y saluda al Cordero pascual temblando en cada una de sus rojas llagas
Jesús tiende las manos atadas al rayo de luz que viene
le devuelve tiernamente su saludo
Jesús agradece al Padre dulcemente por este día
con sus labios heridos está dando gracias
ese rayo ha venido a sus ojos como viene el juez
a ver al condenado en la celda para reconciliarse
y Jesús en la aurora del día de su inmolación
ha consolado al rayo lo ha besado y ya lo despide
como un hágase la luz para el nuevo mundo."
La insuperable elegancia de las despedidas bien hechas.
Y la importancia de andar fabricando siempre una última caricia.
Algunas citas del Resucitar de Christian Bobin, delicado como una taza de porcelana, delicioso como el chocolate que lleva dentro.
Cuando se ve este mundo, se ve el otro al trasluz, como la filigrana grabada en la trama del papel.
Y todavía se nota más en estas horas del año, en que la luz transita como pegada a las cosas, como levantando radiaciones por su leve rozamiento.
Y como trayéndose algo del cuerpo del otro mundo.
Todo lo que sé del cielo proviene del asombro que experimento ante la bondad inexplicable de tal o cual persona, iluminada por una palabra o un gesto tan puros que se impone de pronto ante mí el hecho de que no hay nada en el mundo que pueda ser fuente suya.
Todo lo pueden contabilizar en sus cálculos, salvo la gracia, y por eso sus cálculos son inútiles.
Porque la gracia es descendiente directa de la Misericordia, y las magnitudes que maneja proceden de las regiones de los abismos.
Deberíamos dar gracias a los animales por su inocencia fabulosa y saber estarles agradecidos por posar en nosotros la dulzura de sus ojos inquietos que no nos condenan jamás.
Una hilera de hayas, a lo largo de la carretera que atravesaba el bosque de Sant-Sernin, escuchaba las últimas recomendaciones de la luz inmediatamente antes de la llegada de la noche.
Aquí hay mucho:
La hilera de hayas como una fila de hijos temblorosos.
O la hilera de hayas como una fila de niños tranquilos, inocentes, inconscientes.
La inquietud implícita de aquellos que se acercan a la oscuridad.
La luz, como una madre preocupada, dando las últimas instrucciones antes de su retirada - y la promesa de que volverá.
El eco, la resonancia con este otro pasaje del Libro de la Pasión de Ibáñez Langlois:
"Amanecer del viernes
Jesús no despierta porque no ha dormido
en su calabozo ha velado al pobre amado universo
ha llegado el día viernes santo de su pasión
el pobre amado universo se hace representar
en el nuevo día por un rayo de luz trémula que penetra
y saluda al Cordero pascual temblando en cada una de sus rojas llagas
Jesús tiende las manos atadas al rayo de luz que viene
le devuelve tiernamente su saludo
Jesús agradece al Padre dulcemente por este día
con sus labios heridos está dando gracias
ese rayo ha venido a sus ojos como viene el juez
a ver al condenado en la celda para reconciliarse
y Jesús en la aurora del día de su inmolación
ha consolado al rayo lo ha besado y ya lo despide
como un hágase la luz para el nuevo mundo."
La insuperable elegancia de las despedidas bien hechas.
Y la importancia de andar fabricando siempre una última caricia.
martes, 18 de diciembre de 2018
Otoño.
Bien entrado el Adviento.
Un árbol a medio deshojar se alza sobre la hierba. Arroja una sombra multicolor perfecta.
Es misterioso
que resulte tan hermosa
la
visión
de
un
árbol
de
san
grán
do
se,
en medio del charco rojo, ámbar, bronce, de sus propias hojas.
La escena es de tanta serenidad, de tal belleza incógnita, que no me lo puedo quitar de la cabeza:
Lo que contemplo se parece demasiado a una ofrenda.
domingo, 16 de diciembre de 2018
En esta hora
Pastores, acebo, patos, techumbres,
reyes, cisnes, luces, todo a la vez,
castañeras, ríos con algún pez,
y al fondo, las montañas con sus cumbres.
Jofainas y cestillos de legumbres,
oro, mirra, grandeza y pequeñez,
almendras, turrón, compota, niñez.
Pesebre, paja, hogueras con sus lumbres.
Oh memoria, (sobre el musgo, la oveja,
cascadas, que el agua de plata fluya),
nos brindas dulzuras que el tiempo aleja.
Cada año, en esta hora del Aleluya,
Él, que siempre viene y nunca nos deja,
convoca nuestra infancia con la Suya.
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