jueves, 20 de diciembre de 2018

Extractos e intertextos

Y alguna glosa


Algunas citas del Resucitar de Christian Bobin, delicado como una taza de porcelana, delicioso como el chocolate que lleva dentro.

Cuando se ve este mundo, se ve el otro al trasluz, como la filigrana grabada en la trama del papel.
Y todavía se nota más en estas horas del año, en que la luz transita como pegada a las cosas, como levantando radiaciones por su leve rozamiento.
Y como trayéndose algo del cuerpo del otro mundo.

Todo lo que sé del cielo proviene del asombro que experimento ante la bondad inexplicable de tal o cual persona, iluminada por una palabra o un gesto tan puros que se impone de pronto ante mí el hecho de que no hay nada en el mundo que pueda ser fuente suya.

Todo lo pueden contabilizar en sus cálculos, salvo la gracia, y por eso sus cálculos son inútiles.
Porque la gracia es descendiente directa de la Misericordia, y las magnitudes que maneja proceden de las regiones de los abismos.

Deberíamos dar gracias a los animales por su inocencia fabulosa y saber estarles agradecidos por posar en nosotros la dulzura de sus ojos inquietos que no nos condenan jamás.

Una hilera de hayas, a lo largo de la carretera que atravesaba el bosque de Sant-Sernin, escuchaba las últimas recomendaciones de la luz inmediatamente antes de la llegada de la noche.
Aquí hay mucho:
La hilera de hayas como una fila de hijos temblorosos.
O la hilera de hayas como una fila de niños tranquilos, inocentes, inconscientes.
La inquietud implícita de aquellos que se acercan a la oscuridad.
La luz, como una madre preocupada, dando las últimas instrucciones antes de su retirada - y la promesa de que volverá.
El eco, la resonancia con este otro pasaje del Libro de la Pasión de Ibáñez Langlois:
"Amanecer del viernes 
Jesús no despierta porque no ha dormido 
en su calabozo ha velado al pobre amado universo 
ha llegado el día viernes santo de su pasión 
el pobre amado universo se hace representar 
en el nuevo día por un rayo de luz trémula que penetra 
y saluda al Cordero pascual temblando en cada una de sus rojas llagas
Jesús tiende las manos atadas al rayo de luz que viene 
le devuelve tiernamente su saludo 
Jesús agradece al Padre dulcemente por este día 
con sus labios heridos está dando gracias 
ese rayo ha venido a sus ojos como viene el juez 
a ver al condenado en la celda para reconciliarse 
y Jesús en la aurora del día de su inmolación 
ha consolado al rayo lo ha besado y ya lo despide 
como un hágase la luz para el nuevo mundo."

La insuperable elegancia de las despedidas bien hechas.
Y la importancia de andar fabricando siempre una última caricia.

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