martes, 23 de diciembre de 2025

Bienaventuranzas del Portal III

 


Dichosos los embajadores del Nacimiento.

Los profetas os contemplan, con envidia, como su espejo.


Dichosos los que os arrodilláis.

Vuestra es la hidalguía, la dignidad de hijos de Dios.


Dichosos los que os tragáis todo lo decepcionante de estos días, empezando por vosotros mismos.

Qué de regalos sorprendentes llegaréis a recibir.


Dichosos los que no pasáis unas navidades doricojónicas, sino mas bien pobretonas, limitadas, un poco como veladas por la tristeza, un poco a la intemperie. 

Nunca sospechasteis qué cerca del Portal...



Muy Feliz y Santa Navidad.


lunes, 22 de diciembre de 2025

Desiderata III

 



Me gustaría jugar un partido de fútbol en un campo de hierba rodeado de árboles y de montañas. Bajo la nieve.


Me gustaría tener una pata de jamón ibérico a mi disposición al llegar a casa.


Me gustaría saber el equilibrio entre leer y vivir.


Me gustaría inventar juegos de mesa.


Me gustaría transmitir paz.


Me gustaría jugar un partido de futbol bajo un intenso granizo. Con prórroga.


Me gustaría dar seguridad.


Me gustaría ser inventor a tiempo parcial.


Me gustaría hacer un buen mueble de madera.


Me gustaría pasear por las calles como los poetas.


Me gustaría saber comprar en el Rastro.


Me gustaría llevar una vida cotidiana y rutinaria con frecuentes destellos diferenciados.


Me gustaría tener buena vista. Pero más me gustaría conservar la pobre, preciosísima vista que tengo.


Me gustaría fumar una buena pipa de cuando en cuando.


Me gustaría construir una pequeña locomotora de vapor.


Me gustaría descubrir, frecuentemente, nuevas y deliciosas músicas.


Me gustaría jugar un partido bajo una intensa lluvia fría. Larguísimo, interminable.

Me gustaría tener alguna epifanía más.

Me gustaría poder pasear por cualquier ciudad del mundo en cualquier momento.

Me gustaría ser lo suficientemente microscópico para ver de cerca lo nebuloso de la indeterminación de Heisenberg, y ver qué pasa en el momento exacto en que de un pozo de indeterminación sale un cuanto de energía.

Me gustaría dormir en un galeón, bajo una lluvia intensa.

Me gustaría Inventar buenos cuentos para entretener a mis descendientes.

Me gustaría tener un hidroavión.

Me gustaría ser capaz de contar buenas historias para entretener a mis mayores.

Me gustaría tener un embarcadero, un pequeño muelle de madera donde amarrar un velero y el hidroavión.

Me gustaría ser un trampero en Alaska.

Me gustaría recorrer los Estados Unidos a través de sus parques nacionales.

Me gustaría recorrer los bosques de Canadá, de costa a costa, en un tren panorámico.

Me gustaría tener un embarcadero cubierto, un cobertizo sobre el agua con un pequeño muellecito interior para las barcas. Dormir allí alguna noche.

Me gustaría que el otoño durara más. De esa manera la espera del Adviento, alfombrada de hojas y copas multicolores, aumentaría la dulzura de la expectación.

Me gustaría jugar en los campos del Señor.

Me gustaría pasarme algunas mañanas leyendo en el mirador de un piso con vistas al Retiro.


Me gustaría recibir un abrazo enorme de San José nada mas llegar.


Me gustaría volver a ver a mi padre cantando, pero sobre todo bailando, su villancico delante del Nacimiento.



Aforismos cotidianos, alguno de Adviento y alguno cósmico

La visión es el milagro constante de esa conexión entre el puro mundo físico y el mundo irreal, inmaterial, del espíritu, algo totalmente inexplicable. El constante recuerdo del limes en el que esta instalado el hombre.

Paseo por el otoño avanzado de la ciudad. En las aceras y la calzada, barrios enteros donde parecían haber nevado hojas de árbol. El suelo, cuajado.


El blopblop de las ruedas de los coches sobre los adoquines en invierno... parece el borboteo del potaje haciéndose al fuego.


Los mandamases y promotores de lo inclusivo disfrutan de ventajas y beneficios ex clu si vos.


Teoría de juegos

Solo sé que no sabes nada.

Solo sabes que no sé nada.

Solo sé que solo sabes que no sé nada.

Solo sabes que solo sé que no sabes nada.

Etcétera.


Si la vida te da limones, haz una limonada. Si la vida te da melones, haz una melonada.


Tenía algunos gustos proustituidos.


Les dejó colgados, haciendo hijoputis por el foro.


El caso es andar siempre vendiendo productos defectuosos.


Se lleva muy bien con su pareja actual, tienen una relación cojornuda.


Signo de los tiempos. Don Sancho de la Panza cabalga con su escudero Quijote Mancha.


El hombre: Fracaso, presente y futuro.


Siempre en medio de una derrota. 


Le dio un ataque de hipsterismo.


La epifanía de pasear bajo la lluvia.


Ayer, hoy y montaña.


El consuelo de la lluvia mientras lees o trabajas.


El sofá de Sísifo.


Una avenida flanqueada por álamos blancos recuerda mucho a una nave del Cister.


Los sicoanalistas, esos traumaturgos.


Todavía peor que los salvapatrias: los salvaplanetas.


Montaña: Cruces en las catacumbres.


El artista hablaba y hablaba de epatar al burgués. Lo que quería era empatar al burgués.


Don Quijote era el artista. Sancho Panza, su público. Entre ambos, el diálogo. Ahora Sancho es el artista y el público somos los quijotes.


Un embarcadero cubierto es el resumen de la tensión maravillosa entre casa y aventura.


Le salía la vena hurónico-sarcástica.


El crepitar del fuego es más exacto y ordenado que el segundero del reloj, que sólo trae caos.


Cuidado con la necesidad de atribuirte y proclamar a los cuatro vientos cada pírrica victoria, aun no siendo tuya. Luego, cuando llegan las derrotas, aunque no sean nada grandes, esos cuatro vientos las huracanan. 


Qué impresionante es el océano del dolor del Alma de Cristo.


Un sauce mecido por el viento recuerda a un mamut.


Al ir y al volver de una jornada de trabajo, el sol te da por el mismo lado.


Iban juntos, sin mirarse, como las siluetas de los aseos.


El tic tac coral, polifónico, de la leña en el fuego.



miércoles, 17 de diciembre de 2025

Subita Pace



Vengo de mala gaita.
La vida. Una serie de cosas, murrias, fastidios, todo dentro. Con un constructo lógico inalienable dentro de mí. Tengo razón y punto y me duele.
Primer Domingo de Adviento.
Es inesperado. En la Comunión, una voz de ángel canta el Ave María. Hay snobs (quizá ahítos de bodas -a mí las bodas me encantan, qué quieres que te diga, en ese sentido resulto como los italianos), hay snobs que no soportan el Ave María.
Lleva una melodía que tiene algo de mediodía y también de bien entrada la tarde, algo vespertino y algo también de entre Sábado y Domingo. Es decir, algo de "estar", de "aquí estoy". Es un Ave María que lleva el Ángelus dentro de sí, custodiado como una joya de Ofir.
Es una canción que lleva mucho consuelo cósmico, como acariciando a todas las criaturas.

Súbitamente ya todo da igual.
Ni tienes razón, ni la tenías, ni falta que hace.
Ya todo desmontado. Ya todo en silencio. Silencio de solo estar.
Estás.
Repentinamente te han puesto en tu sitio.
Has vuelto a la frontera mientras cae la gélida nieve allí mismo, en el limes, en algún lugar indeterminado muy al norte.
Te cubres algo mejor con la pelliza de piel de oso, te ajustas tu casco romano.
Ave María.
La nieve de empezar a ser bastante sigue cayendo.
Vigilas.
Patrullas.
Velas.
Ante el bosque incógnito al que temes porque te atrae.
Adviento. 
En el silencio nevado de la frontera.
Ah qué maravilloso consuelo.