lunes, 22 de diciembre de 2025

Desiderata III

 



Me gustaría jugar un partido de fútbol en un campo de hierba rodeado de árboles y de montañas. Bajo la nieve.


Me gustaría tener una pata de jamón ibérico a mi disposición al llegar a casa.


Me gustaría saber el equilibrio entre leer y vivir.


Me gustaría inventar juegos de mesa.


Me gustaría transmitir paz.


Me gustaría jugar un partido de futbol bajo un intenso granizo. Con prórroga.


Me gustaría dar seguridad.


Me gustaría ser inventor a tiempo parcial.


Me gustaría hacer un buen mueble de madera.


Me gustaría pasear por las calles como los poetas.


Me gustaría saber comprar en el Rastro.


Me gustaría llevar una vida cotidiana y rutinaria con frecuentes destellos diferenciados.


Me gustaría tener buena vista. Pero más me gustaría conservar la pobre, preciosísima vista que tengo.


Me gustaría fumar una buena pipa de cuando en cuando.


Me gustaría construir una pequeña locomotora de vapor.


Me gustaría descubrir, frecuentemente, nuevas y deliciosas músicas.


Me gustaría jugar un partido bajo una intensa lluvia fría. Larguísimo, interminable.

Me gustaría tener alguna epifanía más.

Me gustaría poder pasear por cualquier ciudad del mundo en cualquier momento.

Me gustaría ser lo suficientemente microscópico para ver de cerca lo nebuloso de la indeterminación de Heisenberg, y ver qué pasa en el momento exacto en que de un pozo de indeterminación sale un cuanto de energía.

Me gustaría dormir en un galeón, bajo una lluvia intensa.

Me gustaría Inventar buenos cuentos para entretener a mis descendientes.

Me gustaría tener un hidroavión.

Me gustaría ser capaz de contar buenas historias para entretener a mis mayores.

Me gustaría tener un embarcadero, un pequeño muelle de madera donde amarrar un velero y el hidroavión.

Me gustaría ser un trampero en Alaska.

Me gustaría recorrer los Estados Unidos a través de sus parques nacionales.

Me gustaría recorrer los bosques de Canadá, de costa a costa, en un tren panorámico.

Me gustaría tener un embarcadero cubierto, un cobertizo sobre el agua con un pequeño muellecito interior para las barcas. Dormir allí alguna noche.

Me gustaría que el otoño durara más. De esa manera la espera del Adviento, alfombrada de hojas y copas multicolores, aumentaría la dulzura de la expectación.

Me gustaría jugar en los campos del Señor.

Me gustaría pasarme algunas mañanas leyendo en el mirador de un piso con vistas al Retiro.


Me gustaría recibir un abrazo enorme de San José nada mas llegar.


Me gustaría volver a ver a mi padre cantando, pero sobre todo bailando, su villancico delante del Nacimiento.



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