martes, 24 de diciembre de 2024

Bienaventuranzas del Portal II

 


Dichosos los que hacen bien en medio del mal.

Suyo es el secreto más bello del Universo.


Dichosos los que escuchan en estos tiempos.

Recibirán una noticia crucial.


Dichosos los que respiran y viven el Adviento.

Qué espera tan prodigiosa.


Dichosos los habitantes de Frontera.

Qué patria tan enorme que tendrán.


Dichosos los que trabajan y luchan con esperanza cuando todo está en contra.

Qué enormidad de descanso les espera.


Dichosos los que esta Noche atienden a la Estrella chispeante.

De verdad que hoy saben cómo beber el champán.


Muy Feliz y Santa Navidad

lunes, 23 de diciembre de 2024

Desiderata II

Continuación


Me gustaría no angustiarme por algunas cosas.

Me gustaría no entristecerme tanto por algunas cosas tan nimias.

Me gustaría vivir en San Sebastián, con vistas al mar.

Me gustaría vivir en una casa en la montaña.

Me gustaría ver la Selva de Irati en otoño.

Me gustaría vivir en Vermont, New Hampshire o Connecticut en otoño e invierno.

Me gustaría ver nevar mucho más.

Me gustaría visitar otro planeta.

Me gustaría demostrar la hipótesis de Riemann. 

Me gustaría entender qué es realmente la atracción gravitatoria.

Me gustaría ir más al teatro.

Me gustaría tener buen ojo para las inversiones y algo más de arrojo.

Me gustaría que el teatro clásico fuese representado tal cual, sin esas adaptaciones tan cutres.

Me gustaría desarrollar un talento creativo.

Me gustaría tener mi propio taller.

Me gustaría saber sobrevivir: cazar, conseguir leña, hacer fuego, entender de plantas, hongos y frutos, construir refugios.

Me gustaría tener una casa en París.

Me gustaría tener mi propia empresa.

Me gustaría saber preparar cócteles.

Me gustaría saber construir una casa.

Me gustaría ayudar a la gente a ir al Cielo.

Me gustaría volver a vivir ese momento místico haciendo snorkling entre rayas, peces de colores increibles y corales fascinantes en aquellas aguas turquesas de Puerto Rico.

Me gustaría volver a jugar con arcos y flechas.

Me gustaría saber hacer chocolate.

Me gustaría tener una cabaña-embarcadero, un embarcadero cubierto, esa mezcla perfecta de refugio y aventura.

Me gustaría navegar en un barco pequeñito por un río estrecho y poco profundo que serpenteara indefinidamente por el bosque.

Me gustaría hacer un largo viaje en tren en medio del bosque.

Me gustaría saber fundir metales.

Me gustaría saber hacer vino.

Me gustaría saber hacer pan.

Me gustaría saber comulgar bien.


domingo, 22 de diciembre de 2024

Desiderata

Deseos varios y algunos desvaríos frente el Portal

Me gustaría llegar caminando a una cabaña encendida, en medio de una nevada.

Me gustaría, cuando paseo al anochecer, bajo la lluvia, poder estar dentro de algunas casas con las ventanas iluminadas.

Me gustaría ver mi casa desde fuera cuando estoy dentro, leyendo, en un día de lluvia o de niebla.

Me gustaría, muchas veces, estar dentro cuando estoy fuera. Y estar fuera cuando estoy dentro.

Me gustaría trabajar contento siempre.

Me gustaría que el tiempo pasara volando cuando pasa despacio, y que pasara despacio cuando pasa volando.

Me gustaría aburrirme a veces

Me gustaría divertirme otras.

Me gustaría leer muchas cosas interesantes, y que me sean sugestivas, y que me abran a nuevos y viejos mundos.

Me gustaría saber decir las cosas que la gente necesite, saber dar buenos consejos.

Me gustaría haberme callado en muchas ocasiones.

Me gustaría poder dormirme enseguida.

Me gustaría que no me costara tanto levantarme por las mañanas.

Me gustaría saber no preocuparme de un montón de tonterías.

Me gustaría ir al Cielo.

Me gustaría encontrarme en el Cielo con todos mis seres queridos.

Me gustaría que el Cielo estuviera repleto de gente.

Hay un montón de cosas que me gustarían.

Me gustaría publicar un libro.

Me gustaría que en realidad me gustase escribir.

Me gustaría saber dibujar pero aprenderlo me parece un camino tan arduo que ni lo intento.

Me gustaría saber tocar un instrumento pero aprenderlo me parece tan aburrido que ni me lo planteo.

Me gustaría saber contagiar mis pasiones sin aburrir.

Me gustaría tener grandes conversaciones.

Me gustaría tener un velero, con tres o cuatro camarotes, y saber navegar muy bien.

Me gustaría llevar a mi madre a ver una aurora boreal.

Me gustaría saber relativizar los problemas.

Me gustaría saber hacer fuego sin herramientas.

Me gustaría saber levantarme todas las mañanas con ilusión por mis tareas.

Me gustaría vivir en una ciudad grande y hacer un montón de planes culturales.

Me gustaría vivir en una cabaña en el bosque.

Me gustaría vivir en un faro.

Me gustaría que no hubiese gente mala.

Me gustaría viajar a Grecia, a Egipto, Roma y Canadá.

Me gustaría vivir una temporada en Nueva York.

Me gustaría vivir en el centro de Madrid.

Me gustaría volver a leer la Ilíada.

Me gustaría saber griego clásico.

Me gustaría entender bien a Platón.

Me gustaría saber hacer bricolaje.

Me gustaría leer en una biblioteca vetusta con chimenea.

Me gustaría saber rezar bien.

lunes, 2 de diciembre de 2024

Frontera

Reflexiones sobre el limes



El Imperio Romano, hasta su caída, mantuvo una relación problemática con el limes. Como todos los imperios. El limes, el límite, la frontera, es donde empiezan y acaban las cosas. 

Lo liminar y el elemento: esa enigmática situación donde se funda la realidad, ese irreductible punto (¿matemático?) donde la realidad física marca el límite con la estricta nada. Ahí tú y aquí yo. ¿Y en medio? El elemento físico. :La frontera del elemento. La frontera de la frontera del elemento.

Pero no, un momento.

Los bárbaros cruzaban el limes y volvían. Algunos romanos vivían más allá del limes. Había bárbaros que tenían tierras y cargos importantes dentro del Imperio. Había pueblos bárbaros vigilando el limes, contratados por los romanos. Ovidio murió exiliado entre los bárbaros, más allá del limes. Este límite resulta ser una frontera permeable, difusa.

Hace poco escuchaba que un hermano de Séneca, Galión, aparece en los Hechos de los Apóstoles, a propósito de Pablo. Lo recuerdo bien. Es a propósito de un altercado entre los judíos y Pablo. Galión, procónsul, gobernador de Acaya, se niega a involucrarse ante el levantamiento de los judíos y les dice que se arreglen entre ellos.

Séneca acabó muy mal, con una muerte muy romana, y Galión igual.

En la frontera se entra y se sale, se está y luego no se está. El elemento, la partícula minúscula, en la frontera de la realidad física, puede que no tenga más remedio que estar y no estar. De esa manera, lo liminar adquiere una realidad especial, un estatus como de paso franco, de entrada y salida libre, un lugar gradual, una franja, no una línea indistinguible y transparente en el límite, sino algo como un territorio enigmático, una interfaz de estado.

Ayer empezó el Adviento, un Domingo después de Jesucristo, Rey del Universo. El Adviento marca la transición, el limes, la zona fronteriza hacia la Navidad. En las fronteras, uno sobre todo hace una cosa.

Vigilar.

Patrullar.

Esperar.

Velar.

Personalmente, me voy a reir bastante (esto es muy personal e intransferible), evitando cuantas cenas y galas de empresa y demás sea posible, cuantas más mejor. A veces hasta hago el recuento con avaricia.

Porque vigilo la frontera.

El estoico Séneca, incluso en el limes de su muerte “por suprema necesidad”, esa muerte miserable impuesta por Nerón, no llega a sospechar el valor de ese otro “estoicismo” austero, paciente, recóndito,

legionario,

de un oscuro vigilante de frontera.

En un Adviento perdido en los límites del Imperio, cubierto con una típica mezcla fronteriza de ropaje bárbaro y romano, con una esperanza felina, bajo los pliegues de su pelliza de crines de animal, bajo el gorro barbárico de cabeza de oso, bajo toda esa mezcolanza de coraza, grebas, casco romano y pieles, colmillos y pelambreras de salvaje, bajo esa nieve dura, fría, que cae a estas horas de la tarde noche en el limes extremo de ese Imperio.

Qué alegría indómita.