lunes, 22 de diciembre de 2025

Aforismos cotidianos, alguno de Adviento y alguno cósmico

La visión es el milagro constante de esa conexión entre el puro mundo físico y el mundo irreal, inmaterial, del espíritu, algo totalmente inexplicable. El constante recuerdo del limes en el que esta instalado el hombre.

Paseo por el otoño avanzado de la ciudad. En las aceras y la calzada, barrios enteros donde parecían haber nevado hojas de árbol. El suelo, cuajado.


El blopblop de las ruedas de los coches sobre los adoquines en invierno... parece el borboteo del potaje haciéndose al fuego.


Los mandamases y promotores de lo inclusivo disfrutan de ventajas y beneficios ex clu si vos.


Teoría de juegos

Solo sé que no sabes nada.

Solo sabes que no sé nada.

Solo sé que solo sabes que no sé nada.

Solo sabes que solo sé que no sabes nada.

Etcétera.


Si la vida te da limones, haz una limonada. Si la vida te da melones, haz una melonada.


Tenía algunos gustos proustituidos.


Les dejó colgados, haciendo hijoputis por el foro.


El caso es andar siempre vendiendo productos defectuosos.


Se lleva muy bien con su pareja actual, tienen una relación cojornuda.


Signo de los tiempos. Don Sancho de la Panza cabalga con su escudero Quijote Mancha.


El hombre: Fracaso, presente y futuro.


Siempre en medio de una derrota. 


Le dio un ataque de hipsterismo.


La epifanía de pasear bajo la lluvia.


Ayer, hoy y montaña.


El consuelo de la lluvia mientras lees o trabajas.


El sofá de Sísifo.


Una avenida flanqueada por álamos blancos recuerda mucho a una nave del Cister.


Los sicoanalistas, esos traumaturgos.


Todavía peor que los salvapatrias: los salvaplanetas.


Montaña: Cruces en las catacumbres.


El artista hablaba y hablaba de epatar al burgués. Lo que quería era empatar al burgués.


Don Quijote era el artista. Sancho Panza, su público. Entre ambos, el diálogo. Ahora Sancho es el artista y el público somos los quijotes.


Un embarcadero cubierto es el resumen de la tensión maravillosa entre casa y aventura.


Le salía la vena hurónico-sarcástica.


El crepitar del fuego es más exacto y ordenado que el segundero del reloj, que sólo trae caos.


Cuidado con la necesidad de atribuirte y proclamar a los cuatro vientos cada pírrica victoria, aun no siendo tuya. Luego, cuando llegan las derrotas, aunque no sean nada grandes, esos cuatro vientos las huracanan. 


Qué impresionante es el océano del dolor del Alma de Cristo.


Un sauce mecido por el viento recuerda a un mamut.


Al ir y al volver de una jornada de trabajo, el sol te da por el mismo lado.


Iban juntos, sin mirarse, como las siluetas de los aseos.


El tic tac coral, polifónico, de la leña en el fuego.



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