Bien entrado el Adviento.
Un árbol a medio deshojar se alza sobre la hierba. Arroja una sombra multicolor perfecta.
Es misterioso
que resulte tan hermosa
la
visión
de
un
árbol
de
san
grán
do
se,
en medio del charco rojo, ámbar, bronce, de sus propias hojas.
La escena es de tanta serenidad, de tal belleza incógnita, que no me lo puedo quitar de la cabeza:
Lo que contemplo se parece demasiado a una ofrenda.
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