METACUENTO
DE NAVIDAD
O
también
COSMOCUENTO
DE NAVIDAD
Aunque
más exacto es
METACOSMOCUENTO
DE NAVIDAD
Es un
27 de Noviembre. Falta menos de un mes para Navidad. El frío es intenso, y
probablemente mañana nieve. Mañana será
el cumpleaños de Teresa y la emoción es indescriptible. Se masca la tensión, la
ilusión en su estado más puro.
Estamos
cenando, toda la familia.
María,
con tus 11 años en fila india, nos cuentas que, en el colegio, estás
escribiendo un Cuento de Navidad. Tienes algunos mimbres, y nos lo empiezas a
contar.
Le has
puesto un título muy sugerente. Las Navidades del Futuro. Va sobre una chica
egipcia, que se llama Iris. Te encanta el nombre. Por eso lo has elegido. Su
padre se llama Ramsés. El cuento se sitúa en nuestros días.
Como
particularidad, has hecho que los egipcios vivan en pirámides. Sí, ya sabes que
las pirámides eran tumbas en realidad, pero te ha parecido literario hacer que
sus casas sean pirámides.
El caso
es que tienes el planteamiento. Ramsés, el padre, resulta que es el mejor
astronauta del mundo. Y recientemente, se ha descubierto que, viajando a
velocidades muy por encima de lo normal, se puede viajar al futuro. Esto lo has
sacado de una conversación apasionante que tuvimos el otro día sobre viajes en
el tiempo –empezó mal la cosa-, y posibles viajes al futuro –mira, ahí se
empezó a poner interesante-
Como
Ramsés es el mejor astronauta del mundo, le han encargado que construya la nave,
para que se monte y viaje al futuro. El problema es que las fechas en que tiene
que hacer el viaje coinciden con las Navidades. Y Ramsés no quiere perderse una
Navidad con su hija Iris.
Así que
hasta ahora tienes el planteamiento, e incluso el problema, la tensión, el nudo.
Pero nos dices que te falta el desarrollo, el desenlace, el “qué pasa ahora” y
“cómo acaba”. Entonces nos pides ayuda literaria.
Y el
planteamiento del cuento nos ha encantado. Así que, mientras cenamos, giramos
en torno a él. Y, entonces, se nos ocurre que puedes hacer que Ramsés,
efectivamente, construya la nave. Y que, con gran dolor de corazón, tenga que
partir de viaje justo en Navidad.
Pero
entonces, se equivoca de botón y le da a una inversión de los motores. Justo al
revés. Y en lugar de viajar al futuro, resulta que viaja al pasado.
Y
cuando sobrevuela Belén, que no está lejos de Egipto, se da cuenta de que está
sucediendo el Nacimiento. Entonces baja, y aparca la nave. Y es un astronauta
que, junto con los pastores, acude a adorar al Niño.
Y luego
sube a la nave y se vuelve a casa, a su pirámide en Egipto, junto a Iris. Y le
cuenta todo y realmente todo ha merecido la pena, y han sido las mejores Navidades
de sus vidas.
Y te
brillan mucho los ojos, María. Hay un fulgor precioso en tus 11 años en fila
india, y ya tienes ganas de escribir el cuento.
Y no sé
si ese brillo en tus ojos es porque una equivocación de botón te puede arreglar
un cuento e incluso la vida, o si es porque te has imaginado a Ramsés asomando
la cara por la escotilla de su nave justo cuando sobrevuela el Portal, o al pensar
en el astronauta acercándose al pesebre, así, vestido de astronauta y llevando
una oveja, o al recrear el momento cuando vuelve y le cuenta la fabulosa
historia a su hija. O todo junto.
Y a mí
me encanta. Me encanta que el “mejor astronauta del mundo” resulte ser egipcio.
Probablemente lo que más me gusta es imaginarme a un egipcio llamado Ramsés,
como uno de los Faraones, sobrevolando en una nave espacial el Portal de Belén
en riguroso directo, y asomándose por la escotilla para ver bien. Todo un
avanzado Egipto acudiendo a adorar al Portal.
Y por
ahora me ahorro la explicación de que, en realidad, ni haría falta el truco del
botón equivocado ni inversión de motores ni ochocuartos. Que el Misterio de
Belén ya está ubicado en la Eternidad, y por tanto está siempre sucediendo en
paralelo y a la vez que el Tiempo todo el tiempo, y que no hacen falta naves ni
gaitas.
Y ahora
es a mí cuando se me nota un fulgor en los ojos. Y, cuidadosamente, cojo esa explicación y me la guardo para tus
Navidades del Futuro.
(Efectivamente,
al día siguiente, todo amanece blanco terso, con esos diamantes que tiene la
nieve recién caída al amanecer, y que brillan como tus ojos ayer, como los de Teresa, como sus ojos
a punto de cumplir.)
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