Este rincón se abre unos breves días, todos los años, en Adviento, con unas reflexiones durante la espera. Cósmicas por aquello de lo desproporcionado, de lo audaz hecho con mimbres de baratillo, con esa connotación peyorativa de “me vino con un planteamiento cósmico”, “me dijo algo sideral”, y así. Cósmicas también porque la Navidad es un acontecimiento trascendental en la historia del hombre y del Cosmos, y porque el Adviento empieza siempre tras la fiesta de Cristo Rey del Universo.
lunes, 24 de diciembre de 2012
Navidad: Dos analogías y un literal
Analogía 1: Del beso del Espíritu y la Materia
La luz del atardecer. Luz tangente, luz indirecta, distinta de la luz plena, regalando no sólo relieves, sino esa sensación de paso, de ir a otra parte, de estar viajando a otro mundo, al otro mundo
Mientras las nubes, las ramas de los árboles, sus troncos, las flores y las plantas, las piedras y los prados, el césped y los muros, hacen ademán de querer subirse a ese tren que pasa, dejando sombras casi cinéticas en el andén de este mundo.
Como intentando subirse a la luz y viajar hasta el otro.
Analogía 2: De la trascendentalidad de la Materia tras la Encarnación.
Ahí está el último y más lejano improbable planeta.
En cuya superficie apenas si se nota la brisa de su tenue atmósfera de gas raro.
Que mueve de siglo en siglo unas finas partículas de arenilla en el más absoluto silencio sideral.
Ahí está y eso está ocurriendo. Aunque ningún ser de este mundo lo vea.
Literal
Navidad, Encarnación: Por encima de toda expectativa posible.
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