Este rincón se abre unos breves días, todos los años, en Adviento, con unas reflexiones durante la espera. Cósmicas por aquello de lo desproporcionado, de lo audaz hecho con mimbres de baratillo, con esa connotación peyorativa de “me vino con un planteamiento cósmico”, “me dijo algo sideral”, y así. Cósmicas también porque la Navidad es un acontecimiento trascendental en la historia del hombre y del Cosmos, y porque el Adviento empieza siempre tras la fiesta de Cristo Rey del Universo.
sábado, 22 de diciembre de 2012
Flecha
- ¿Se puede? Buenas, señores, he visto fiesta aquí en la puerta y me he
aventurado a ver qué es lo que se cocía, vaya vaya, con que acabamos
de tener un Niño, que guapetón que es, ¿eh? Venía del campo y he visto
a estos pastores aquí en la puerta y, sí, del campo, es que soy
ingeniero agrónomo, capataz de granjas y consultor de cosechas, que
ahora que me fijo, con ese oro que les han traído esos reyes persas,
que se compren un terrenito, que se revaloriza mucho en estos
tiempos...
Y prosigue el rollo del joven, recién titulado.
-... Pero bueno, que ya me voy, enhorabuena otra vez, hay que ver qué
Niño más guapo Señora, ¿sabe? Yo algún día también quiero ser padre, me
hace mucha ilusión, en fin, qué cosas, se hace tarde, le dejo aquí mi
tarjeta por si se piensa lo de las granjas y eso, adiós adiós.
María se fija en la tarjeta de visita, se sonríe, levanta los ojos y responde:
-Vaya con Dios buen hombre y gracias por su visita. Adiós.
Y de ese Adiós queda en el aire algo casi inadvertido, pero es el
silbido de una flecha que sale montada en el tensor de curvatura que
une el Portal momento cero con la Vía Dolorosa punto gamma-delta, para
impactar, al llegar, en el corazón del ingeniero Simón, padre de Alejandro y Rufo, justo en el momento en que sus ojos se cruzan con los Ojos de ese misterioso condenado, justo en el momento en que su vida cambiará para toda la Eternidad.
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