Este rincón se abre unos breves días, todos los años, en Adviento, con unas reflexiones durante la espera. Cósmicas por aquello de lo desproporcionado, de lo audaz hecho con mimbres de baratillo, con esa connotación peyorativa de “me vino con un planteamiento cósmico”, “me dijo algo sideral”, y así. Cósmicas también porque la Navidad es un acontecimiento trascendental en la historia del hombre y del Cosmos, y porque el Adviento empieza siempre tras la fiesta de Cristo Rey del Universo.
viernes, 21 de diciembre de 2012
Todos los niños del mundo alguna vez
Todos los niños del mundo alguna vez deberían poder:
- Cruzar un puente de madera.
- Comer castañas asadas y chocolate.
- Navegar por un riachuelo del bosque en una balsa construida por ellos mismos.
- Pasar noche en una borda llena de paja.
- Subir, en esa misma borda, a la ganbara, a través de una trampilla y escalera de palo y cuerda.
- Calentarse a la lumbre de una pequeña hoguera nocturna.
- Entrar en una cueva.
- Cruzar riachuelos con patos en los remansos.
- Contemplar una jarra de barro, un vaso de agua y un trozo de pan a la luz natural.
- Contemplar, con el mismo asombro, una tinaja de aceite y un recipiente de leche.
- Tomar un cordero entre los brazos.
- Comprobar cómo un cántaro de barro se va ruborizando según se vierte dentro el agua fría.
- Entrar en una cuadra.
- Entender la palabra pesebre.
Pesebre.
Que no es una cuna.
Y hacerse cargo.
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