Este rincón se abre unos breves días, todos los años, en Adviento, con unas reflexiones durante la espera. Cósmicas por aquello de lo desproporcionado, de lo audaz hecho con mimbres de baratillo, con esa connotación peyorativa de “me vino con un planteamiento cósmico”, “me dijo algo sideral”, y así. Cósmicas también porque la Navidad es un acontecimiento trascendental en la historia del hombre y del Cosmos, y porque el Adviento empieza siempre tras la fiesta de Cristo Rey del Universo.
jueves, 15 de diciembre de 2011
Potencia y acto
La joven Madre, en avanzado estado de gestacion, acude a la fuente del pueblo.
Nazareth del Antiguo Testamento todavía, ay Nazareth..., pueblo tan chismosillo...
Miraditas, cuchicheos, sonrisitas cómplices. Alguna risotada mal contenida entre las mujeres de la fuente. Qué tedio de pueblucho, qué aburrimiento de gentes del Oriente Medio, por favor.
Todas midiendo, como expertas geómetras de Riemann, la curvada silueta de la Joven. Avanzando teoremas y conjeturas sobre convexidades, curvaturas y geodésicas.
Todas convertidas en expertas agrimensoras de vientres ajenos. La curva de los mundos.
Pero ¡ah!, el agua y la mujer. Vaya resumen vivo de la Creación.
Y en presencia de la Alianza contenida en el Arca-Mujer, el agua de la fuente comienza a tener sus célebres propiedades bautismales.
De pronto, aquellas mujeres cuchicheantes y chismosas son limpias, prístinas como las primeras flores de la Creación. Y ven volver a María, al Arca-Mujer, con el cántaro de agua, y profetizan rosas místicas, estrellas de la mañana, refugios de los pecadores.
Y ya ven a la Señora de los Milenios atravesar dulcemente el tiempo como un Sagrario eterno, mientras las Puertas del Cielo, ah, ya comienzan a abrirse.
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