lunes, 19 de diciembre de 2011

Trombolosión en Belén



Esquerulando timidíquidamente, unos pastores jabalinaban entre entrar o no al Portal, puruleando en el cimbral de la puerta, atusacándose los monciergos y las pellizas entre las manos.
San José, prohombreando, apenas podía disimular carcajadas y gritafantios de la emoción que le blatanfosaba.
Y mientras tanto, Santa María azucenaba en Belén, con increíbles fragancias de azahar y nardo.
(El perfume de nardo: uno de los escasísimos product placements de los best seller Evangelios)
La Virgen jaspeaba esmeráldicamente.
Zafiraba diamanticando refulgentemente.
De manera muy intensa.
Tres arcángeles, con picotransmisores  n-dimensionales, realizaban el primer tropo-reportaje: "La Madre y el Niño se encuentran en perfecto estado"
El "perfecto estado" acaba de trombozancarse, estupefacaloenfriado, bocabuzoneando,  con "La Madre y el Niño".

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