San Mateo nos regala esta auténtica joya, delicada, densa como la estrella que la abre:
"Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra."
¿Cabe más en menos? Es la historia, la vida de cada hombre. Es como una imagen fractal del Evangelio, pues ahí están: Dios Niño, la Fe, la Esperanza, la Caridad, la Madre, la Búsqueda, el Encuentro, la Entrega, el Cosmos.
Y la Alegría. Que no sólo es desbordante, ni incontenible, ni contagiosa.
Que ya sería.
Es que es Inmensa.
Ah esa inmensidad, magnitud propia y exclusiva de los abismos mismísimos de la Misericordia.
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