Este rincón se abre unos breves días, todos los años, en Adviento, con unas reflexiones durante la espera. Cósmicas por aquello de lo desproporcionado, de lo audaz hecho con mimbres de baratillo, con esa connotación peyorativa de “me vino con un planteamiento cósmico”, “me dijo algo sideral”, y así. Cósmicas también porque la Navidad es un acontecimiento trascendental en la historia del hombre y del Cosmos, y porque el Adviento empieza siempre tras la fiesta de Cristo Rey del Universo.
martes, 21 de diciembre de 2010
Inter paris
Entre la mula y el buey, aparte de millones de moléculas de aire, incontables motitas de polvo y algún insecto ocasional, hay un espacio curvado, atravesado por una luz tanto en el espectro visible como en rangos de lo más exóticos.
Está por supuesto la radiación de fondo.
Numerosos rayos cósmicos cruzan ese espacio con bastante regularidad, amén de incontables partículas en decaimiento.
Puede que haya también algunos fragmentos infinitesimales de materia oscura.
Es posible que haya incluso alguna partícula ocasional de antimateria.
Está por supuesto la llamada energía del vacío, que se materializa entre los niveles cuánticos del espacio, una cosa realmente rara pero que esta ahí.
Se puede decir, en fin, que hay todo un espacio intergaláctico
Pero desde hace unos instantes, todo ha cambiado.
Desde hace un ratito, entre la mula y el buey hay una Eternidad.
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