Este rincón se abre unos breves días, todos los años, en Adviento, con unas reflexiones durante la espera. Cósmicas por aquello de lo desproporcionado, de lo audaz hecho con mimbres de baratillo, con esa connotación peyorativa de “me vino con un planteamiento cósmico”, “me dijo algo sideral”, y así. Cósmicas también porque la Navidad es un acontecimiento trascendental en la historia del hombre y del Cosmos, y porque el Adviento empieza siempre tras la fiesta de Cristo Rey del Universo.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Madera
La dualidad onda-corpúsculo de la luz.
Es una manera de decir que la luz es una cosa u otra dependiendo del tamaño del agujero por el que pase. El capricho del mundo físico para ser una cosa o ser otra.
Ah la luz como metáfora de la Encarnación.
Los electrones son pelotitas que pueden chocar en los aceleradores o por el contrario nubes fantasmagóricas definidas por funciones de onda dependiendo del experimento. (Esto empieza ya a ser sospechoso)
Los electrones como figura del espíritu.
El mismo núcleo del átomo, que por supuesto es cuántico.
Donde un protón es ahora protón y ahora neutrón
Y donde un neutrón es ahora neutrón y ahora protón.
Como si el ser protón o neutrón fuera lo mismo que cambiar de color.
El núcleo cuántico como imagen de lo milagroso.
La luz (otra vez la luz) tiene velocidad límite y eso significa que para 2 señores cruzándose a gran velocidad el tiempo transcurre de manera diferente, y por tanto envejecen uno más y el otro menos.
La luz derribando otro mito (el Tiempo) y dando indirectas sobre la Eternidad.
(Entre nosotros, qué costumbre la de la Luz de tener tantas singularidades. Se le termina viendo un poco el plumero)
O el tacto de las cosas.
No es debido al choque de materias, sino a la acción de fuerzas de repulsión electrostática que rodean a cada cuerpo. Las masas nunca llegan a chocar, ni siquiera a tocarse.
Las fuerzas mostrando la limitación de nuestro concepto de materia.
Tantas cosas de un universo tan cercano y con tal dosis de irrealidad a la vez...
Y, al mismo tiempo, los pastores llegando al Portal, después de haber mantenido una charla excepcional con sus viejos amigos los Ángeles. (Entre ellos siempre hubo relaciones muy cordiales)
Y José esperándoles en la puerta, dándoles la bienvenida, estrechando manos, feliz, radiante, dando palmadas en la espalda, que más bien parecen emocionados empujones hacia la entrada.
José carpintero, maestro de la madera, ya sabe todas esas cosas sobre la luz, el tiempo, las fuerzas y los átomos. Al fin y al cabo, la “materia” es eso, la "madera" con que están hechas las cosas, y José es un experto en todo eso.
Pero ahora lo importante es que está feliz, dando la bienvenida a todo el que llega.
Hay que ver.
Tanta metáfora en el mundo cósmico sobre el espíritu
(y pensábamos que era al revés, que las palabras sobre el espíritu eran analogías del mundo físico),
y al final todo se reduce a esto.
A José esperando feliz y diciendo que pases.
Cuánta Radiación
De Calor Humano
En el Umbral.
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