viernes, 11 de diciembre de 2009

Inocencia


En uno de los caminos tetradimensionales (en el continuo espacio-tiempo) que conectan con el Portal de Belén, están los Santos Inocentes. No repetiré aquí las maravillosas reflexiones que hace Charles Peguy sobre el “Misterio de los Santos Inocentes”.
Los niños del Misterio de los Santos Inocentes están conectados, en el continuo espacio-tiempo, con el Portal de Belén, de una manera radical.
Acontecen al mismo tiempo, pero no de una manera como acontecemos el resto de la humanidad.
Acontecen como un cortejo, como eternamente acompañando, como eternamente reconectados con el Portal.
Como si hubiera una doble conexión con Belén: una de entrada, y otra de salida. De salida hacia la Pasión. Y vuelta. Doble flujo. Alta tensión. El resto es como si estuviéramos conectados en baja tensión.
Ah, pero los niños del Misterio de los Santos Inocentes. Ellos están en Alta Tensión, vibrando a niveles insospechados. Conectados con la Navidad. Conectados con la Pasión.
Dicen que resucitaremos con las heridas del amor. En la plenitud de nuestro cuerpo resucitado, llevaremos las cicatrices del amor. No las de la guerra, o los accidentes. Pero sí los de los actos heroicos de amor, como los de aquella madre que luchó contra un tiburón para que soltara a su hijo.
O como las llagas de Jesús resucitado. Jesús resucita con llagas, atención. Forman parte de su cuerpo resucitado. Forman parte de su plenitud.
Pues bien, creo que del Misterio de los Santos Inocentes, en su especial doble conexión de Alta Tensión con el Misterio del Portal y con el Misterio de la Pasión, resucitarán niños bellísimos, como nunca se han visto sobre la faz de la tierra.
Niños que portarán la plenitud de la luz cenital del Portal. Niños que portarán la asombrosa belleza de las heridas de la Pasión, la plenitud del Amor llegando puntual a su cita con la inocencia en el tiempo.
Con heridas de pura Luz.

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