miércoles, 23 de diciembre de 2009

Templo



En la Sagrada Biblia, el tema del Templo es algo a lo que se presta mucha atención.
Primero, la Tienda del Encuentro, en el Éxodo. Se dan tal cantidad de instrucciones precisas sobre las columnas de madera, las pieles que recubren la Tienda, capa a capa, las dimensiones, los distintos habitáculos, la valla que lo rodea todo, etc., que uno puede dibujarla.
O, después,  el Templo de Jerusalén, que recoge el testigo de la Tienda del Encuentro. El Templo que construye Salomón. Las instrucciones son tales que sólo faltan los planos. Las medidas, el material, la madera de cedro, el oro recubriéndolo todo por dentro, los habitáculos y sus formas, el atrio, el mar de bronce, las columnas, los enormes ángeles con sus alas desplegadas, hasta los capiteles con el detalle de sus grabados en cadenillas de oro. Y por supuesto todos los utensilios para los sacrificios y el culto. Y por si fuera poco, estas instrucciones aparecen tanto en el Libro de Reyes 2 como en Crónicas.
Sin embargo, el Portal de Belén no tiene planos. Ni instrucciones. Es todo como provisional, como providencial. Como milagroso.
Existe una historia preciosa sobre la Basílica de la Natividad. Porque sabéis que, en el Portal de Belén, existe una pequeña iglesia desde tiempo inmemorial. Ya desde antiguo se intentó precisar con la mayor exactitud posible el Lugar, y se construyó dicha Iglesia. Estoy hablando del año 325, por ahí. Casi nada.
Pues bien, en el siglo VII, los persas invaden Tierra Santa.
Algo muy sangriento. No dejaron piedra sobre piedra. Mata rasa. Dejaron todo nivelado a ras de suelo.
Sin embargo, ante la Basílica de la Natividad se detuvieron. Extraño comportamiento.
¿Por qué?
Por un mensaje criptográfico almacenado durante siglos. A plena luz. Narrado en las Navidades durante todas las épocas. Transmitido de generación en generación. Plasmado en infinidad de obras de arte.
Un código sofisticadísimo para la época. Para la época y para todos los tiempos. Un mensaje intraducible, pero intacto desde su aparición hasta el fin del mundo. Una retransmisión en directo, desde la Navidad hasta cualquier edad del mundo.
Al grano.
Dice la historia que es porque, en el dintel de la puerta, están las imágenes de los Reyes Magos.
Y los persas se dijeron: “Estos son de los nuestros, Reyes de Oriente. No se toca”.
Y así es como la Basílica de la Natividad quedó intacta.
Pero qué persa se iba a imaginar que unos Reyes magníficos serían cómplices de la entrada subrepticia, clandestina, de Cristo en el mundo.
Un regalo digno de reyes.

(Bonus 1)
El Belén y los Pasos de Semana Santa conforman una pareja de singularidades físicas.
Son prácticamente las únicas recreaciones 3D con que el pueblo conmemora los Misterios de la Vida de Jesús.
No es casualidad.
Justo para el principio de su Vida y para el Final de su Vida.
Se trata de la materialización del Flujo del Espíritu al pasar de la Eternidad al Universo, a partir de los jirones dejados en los contornos de las ventanas abiertas en Belén y en Jerusalén.
Son decantaciones, agregaciones espontáneas de realidad, semejantes a estalactitas y estalagmitas formadas en el contorno de dichas ventanas.
Protuberancias, protrusiones de materia dirigidas por el Espíritu.
Ah, la Eternidad dejándose afectar por el célebre Efecto Borde, por las restricciones de las Condiciones de Contorno.
Para crear maravillosas figuras de Belén. Y magníficos Pasos de Pasión.

(Bonus 2)
Pero vale ya de teorías y fantasías.
Esta Navidad pondré cerco para conquistar el Belén.
Distribuiré mi ejército cubriendo todos los flancos.
Pondré cara de niño por el camino central.
Acecharé junto al riachuelo, en medio de los peces de colores.
Bajaré embozado por las montañas nevadas.
Avanzaré por la retaguardia con peticiones de perdón.
Me infiltraré entre los pajes, para acercarme cuanto más mejor, llevando en mis manos las obras del corazón.
Sólo espero hacer el suficiente ridículo como para que el Señor, ante mi patético movimiento de jaque pastor, me responda derrotándome sin paliativos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario