Este rincón se abre unos breves días, todos los años, en Adviento, con unas reflexiones durante la espera. Cósmicas por aquello de lo desproporcionado, de lo audaz hecho con mimbres de baratillo, con esa connotación peyorativa de “me vino con un planteamiento cósmico”, “me dijo algo sideral”, y así. Cósmicas también porque la Navidad es un acontecimiento trascendental en la historia del hombre y del Cosmos, y porque el Adviento empieza siempre tras la fiesta de Cristo Rey del Universo.
jueves, 10 de diciembre de 2009
Pliegue
El portal, en un espacio tridimensional, es como un belén casero, con sus figuritas, que ya pasó y punto.
En cambio, en el continuo tetradimensional, están los Reyes, por ejemplo, continuamente repartiendo oro, incienso, mirra, y juguetes a los niños. Por eso a ellos no les afectan los cálculos físicos de velocidad necesaria para repartir todos los juguetes, con su consiguiente rozamiento.
Están fuera de todo eso. Ellos van, tranquilamente, repartiendo todo eso, y no les cuesta nada. Y para nosotros todo eso pasa como en una noche.
Y tampoco es que ellos a nosotros nos vean como hologramas repentinos, verdes, rojos y azules, que pasan en un suspiro. No.
Les da tiempo de llegar, tomarse el turrón, la copita, dar de comer a sus camellos y ordenar los juguetes según los zapatos. A veces, creo que hasta se permiten quedarse observando en el umbral el pacífico sueño de los niños. Sobre todo el de los niños.
En fin, en ese continuo tetradimensional, llegan los Reyes, llegan los pastores, circulan los ángeles, llegamos nosotros, y la música, gracias a sus célebres propiedades armónicas en el mundo de las ondas, reverbera en las encrucijadas.
Y nace Él.
Y según viene, viene también a todas las Misas de la historia del mundo. A las de hoy y a las de mañana.
Por ejemplo, sé de un pliegue del continuo por el que el Señor, según nace, se desliza felizmente, sacrificadamente, a la velocidad de la eternidad, a la velocidad del silencio, desde el Portal de Belén para llegar puntualmente a la Consagración de las Sagradas Formas en cierta capilla clandestina de la China más profunda, a la hora exacta del día exacto.
Y, desde el Portal, la Virgen María participa atentamente, en primera fila.
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